viernes, 28 de junio de 2013

LXIII. ¡Feliz viernes!

No sé qué pasa últimamente. La sociedad española, en general, e incluso la europea está, sumida en una vertiginosa corriente de noticias repletas de infortunios. Realmente, me dan escalofríos. No hay día en la semana que uno se levante y, al acceder a la versión digital de las principales publicaciones, vea un cúmulo de información que no hace sino abocarte a la desesperación: corrupción, desfalco, malversación, traición, ruina, suicidios, asesinatos... No hay nada que invite a la esperanza, a querer ver la luz al final del túnel. 

Poco a poco la Justicia actúa pero, a medida que va a actuando se abren nuevos casos a raíz de los solucionados, que implican a más gente y cada vez de mayores esferas y te das cuenta de que estás, realmente, en el país de la pandereta. Un país en el que si alguien ha tenido acceso a dinero público no ha dudo en llevárselo a espuertas. Han robado, han estafado, han engañado y malgastado tanto como han podido. Yo siempre he pensado, por un simple hecho de confianza, en la honorabilidad de los políticos como también lo hice con la santidad del sacerdocio. Creía en los altos y nobles ideales, en los valores del Estado, en el honor. Pero, obviamente, la política se ha convertido en el más claro antónimo de los elevados y nobles ideales. Han quedado para ser rufianes, mafiosos de poca monta que no merecen ser recordados ni en los peores metrajes del cine negro. 

¡Ahora que caigo! De esto ya he hablado en otras ocasiones...¿Será que sigo sumido en los mismos pensamientos? ¿O quizá sea por que estoy cayendo en la cuenta de que, realmente, el poder no reside en la política sino en los medios? La orientación política e ideológica está implícita en la presentación de la información. Es innegable. ¿Estamos en una paradoja en la que política y medios se funden bajo unos mismos intereses? Espolear de ánimos, de motivaciones y de esperanzas a los lectores-votantes para tener así a una grey desmoralizada que, en definitiva, no plantee una subversión masiva sino un estado de letargo mental, que les permita mantener un subversivo orden de las cosas que les favorezca en mantener rumbo y sesgo en la dilapidación de la educación, valores y moral. 

Recuerdo cómo estando en clase surgió un debate similar. El poder de la política, la capacidad de controlar a la masa a su antojo. El profesor me interpeló si estaba de acuerdo en esa afirmación y, rotundamente, le contesté que no. ¿Quién, Sr. García, tiene más poder que los políticos? La prensa, le contesté. Televisiones, periódicos, revistas controlan la conciencia de la masa después de una aniquilación del valor individual. Titulares mesiánicos que ofrecen, según el pie que cojean, de quién es el nuevo libertador de la Patria, sus ínclitos ideales, su  faraónico programa electoral que levantará al pueblo español y lo encaminará, glorioso, hasta un nuevo horizonte de esperanzas, en el que la opresión y la tiranía no sometan con su yugo a quienes defendieron su nación. ¡BAZOFIA! Mira que la retórica nacionalcatolicista siempre me ha gustado, la considero enormemente elocuente y bomástica, más allá del contenido ideológico que trasciende. Pues con estos mismos ideales, de hacerte inclinar la cabeza y besar los pies del dirigente, se nos presenten hoy medios y políticos. Ahora lo hacen en un lenguaje más desenfadado, más campechano, más hipster pero no se dan cuenta que, en verdad, lo que están haciendo es el hipsterpollas (una mezcla cañí entre el gilí de toda la vida y el rollo progre de Público). Pero vamos, que aquí no sólo tiene la culpa El País, Telecirco o Cuatro. Aquí metemos a todos los que queramos: ABC, El Mundo, Vanguardia... Yo al El Punt, Avui y demás los dejaría a parte, son los que mantienen, aunque en catalán, los valores más frescos del Patria o del Völkischer Beobachter.

Concluyendo. No estoy dispuesto a someterme a la piara de congresistas que nos reinan, donde se enorgullecen de ser inútiles y de haber aprobado por los pelos pero tampoco estoy dispuesto a dejar dilapidar una noble idea que para mí, de momento, aún pervive: la Nación. España sigue siendo un valor plural por el que luchar, trabajar  y sumar. España es una mujer enferma, que poco a poco se va a apagando para terminar siendo una auténtica metástasis. Por eso, sigo firmemente convencido de que hay que luchar por aplicar un tratamiento de choque. Si hay gangrena se extirpa, se eviscera, lo que haga falta. Pero cuatro hijos de puta no van a arruinar un país. Gente deficiente ha gobernado España, auténticos disminuidos psíquicos, estos que no tienen ninguna disfunción mental aparente no se van a cargar el futuro de 47 millones de españoles. 

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